La enfermedad del domingo (4)

El pulso del realizador

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Con La enfermedad del domingo, Ramón Salazar ha realizado una bellísima película basada en el tema del abandono y de la herida que esto arrastra consigo. Se trata de una película contenida y austera en sus elementos que, sin embargo, llega a alcanzar una gran conmoción.

La historia se podría resumir en muy breves líneas: Una madre abandona a su hija y después de 35 años recibe noticias de ella a través de una extraña petición. ¿Por qué después de tanto tiempo?, ¿accederá la madre a la petición? Un halo de misterio e inquietud envolverá el film hasta su conclusión.

Con su último trabajo, Ramón Salazar no trata de establecer ningún tipo de juicio o prejuicio moral, pero sí intenta esconder o minimizar la evidencia de la mano autoral. Es decir, aquella que escribe y que deja su impronta. Es la misma que nos hace reconocer al realizador por algún gesto, característica o idiosincrasia. A esta reconocible pluma o cámara autoral se la suele llamar dentro de los países de habla inglesa: el toque (touch).

La primera vez que escuché o leí hablar de ello fue a través de la obra de la etapa americana del realizador Ernst Lubitsch. EL famoso toque Lubitsch se nombra o se cita en muchos textos para hacer entender algo nada resumible bajo una simple rúbrica.

Conversando con Ramón Salazar sobre su película durante el festival de Berlín me di cuenta que él intentaba realizar el camino inverso: esconder ese reconocible rasgo autoral, no sólo a nivel de realización, sino traspasándolo también al mundo de sus personajes.

Salazar lo denomina «pulso» y me gustó esa variante personal que él intenta explorar y modelar en su último film: «quería desaparecer. En el trabajo de puesta de escena quería que la película hablara por sí misma y que no se viesen movimientos de cámara espectaculares, puestas en escena excesivas, ni que se viese mi pulso», nos contaba el realizador durante la presentación de su película en el marco de la Berlinale 2018.

La enfermedad del domingo es tan enigmática como sugerente y su fuerza radica en la combinación de tres aspectos: la potencia visual que se desprende de cada una de las escenas, que llega a «llenar  los huecos»  que existen entre los personajes, el hecho de que «la cámara no distraiga con respecto a la necesidad de ver las miradas y lo que ocurre por dentro de estos personajes» y, por último, que ni el espectador, ni los dos personajes femeninos principales sepan «por dónde va a ir la historia, manteniéndose la intriga de lo que va a pasar, de lo que va a ocurrir».

Escribe Laura Bondía

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~ por elmiradornews en 1 mayo, 2018.

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