Victoria (3)

La película de una sola toma

victoria-1Tenía un especial interés en escribir sobre Victoria, el último trabajo del realizador alemán Sebastian Schipper, pues después de su estreno la crítica se situó en dos extremos: entre el furor que causó durante el pasado festival de cine de Berlín y la intrascendencia de haber sido para muchos sólo un experimento.

El hilo narrativo se centra en el personaje de Victoria, una joven española que como muchos de su edad se encuentra trabajando en Alemania ante la falta de perspectiva personal y profesional. Una noche Victoria conoce a cuatro jóvenes a la salida de un club y decide espontáneamente unirse a ellos para continuar la diversión y conocer así la excitante noche berlinesa. A partir de ahí los acontecimientos se abalanzan y se tuercen sobre esta madrileña hasta un extremo difícil de creer. Lo que al principio parecía una aventura se convertirá poco a poco en una pesadilla.

Die Zeit, Uno de los diarios más importantes de Alemania titulaba así el estreno de Victoria: “Revolución cinematográfica en la Berlinale: Sebastian Schipper ha rodado su thriller Victoria en sólo una toma. Un experimento loco y desenfrenado. Una película fantástica”.  El artículo llegaba incluso a insistir en el punto de inflexión que esta película aportaba a la cinematografía alemana. Después llegarían los premios y galardones: Victoria se llevó seis premios cinematográficos en el último Deutsche Filmpreis, el equivalente a los premios Goya en España.

Pero ¿qué es lo que hace de Victoria una película tan especial? En realidad, los momentos de un melodrama en aumento y sobre todo la afirmación por parte de los creadores de haber realizado una película en una sola toma.

El propio Schipper comentaba sobre Victoria: “¿Cómo sería si rodáramos una película completa de la misma forma en que se experimenta la vida: sin cortar y en una única toma? (…) y de esta manera conocer tanto a los personajes (quiénes son, sus miedos, sus dudas, sus esperanzas), como también la necesidad y el deseo de atreverse a realizar algo que lo pueda cambiar todo. ¿Por qué hay contadísimas películas que transmitan realmente esta experiencia? ¿No se trata al final realmente de esto? (…) ¿No se trata precisamente de la vivencia? Quizás sea este realmente el único motivo por el cual vemos películas: no a causa de las historias, de la acción, de los chistes o de los personajes, sino para seguir por una vez otra lógica y entrar en otro mundo”.

Según este argumento, Schipper conseguiría en Victoria su objetivo. Sin embargo, que se alcance a realizar una obra donde a los personajes les falte una lógica que relacione sus acciones o que tengan una evolución, no es suficiente para garantizar la calidad de la obra, tampoco el hecho del uso (o abuso) de la técnica, pues sinceramente ¿no hemos tenido a veces la sensación de tener enfrente obras de menos de treinta minutos que nos han aportado más “vivencias” que otras de más de dos horas, en donde se nos muestra un exceso de situaciones y acontecimientos?

Victoria se rodó en sólo una única toma. Dos horas y veinte minutos sin cortes, sin trucos baratos o caros. Simplemente una única toma sin cortar”, nos comentaba Schipper en Berlín a los periodistas presentes.

Mis reparos con los argumentos de Schipper vienen primero de poner en duda que “el montaje” de un film se trate solo del corte o de la ausencia de éste. El montaje incluye muchos más aspectos y campos que solo el del “corte” o el de la “organización” de la película.

Segundo: Victoria se apoya en varios momentos muertos e intrascendentes que no dejan intuir realmente qué se nos quiere aportar o dar a entender, incluso aunque use la técnica del no-corte, precisamente como vehículo organizador de la película y, parafraseando al propio Schipper, Victoria sí que se apoyaría en realidad en un truco: la ausencia de “montaje”.

No lo dudo: 240 minutos en una sola toma envuelve mucho esfuerzo, trabajo y coordinación. Naturalmente esto tiene un mérito extraordinario, pero el cine es a mi modo de ver algo más que este tipo de malabarismos y requiere de otros componentes.

Recuerdo todavía a mi profesora de guión hablarme de la “lógica del personaje” y es allí precisamente donde falla la película. El personaje también lo forma sus circunstancias y no sólo los momentos en las que éste se sienta sometido o avasallado por la acción o por el momento. En Victoria, la incorporación de estas circunstancias está lejos de ser cinemática, pues llegamos a ellas gracias a las explicaciones y aclaraciones de los propios personajes, algo que no necesitaría un film que tuviera como fin el basarse en la “vivencia”.

A pesar de todo eso, Victoria no me parece una película intrascendente. Tiene momentos muy cinemáticos. Las escenas finales de un Berlín crepuscular con sus calles vacías, así como las de los personajes de Victoria y Sonne en el hotel, son muy vibrantes y de gran tensión.

Es una pena tener que esperar 200 minutos para poder llegar a disfrutar de ellas.

Escribe Laura Bondía

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~ por elmiradornews en 24 enero, 2016.

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