Dusseldorf y su vampiro. Berlín y la primera unidad de policía criminal

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Una ciudad cinematográfica suele asociar diversos lugares y espacios en una mezcolanza de callejones, plazas e interiores, ya sean reales o de estudio. El recorrido que realicen en su tránsito los personajes será lo que le dé una impronta de autenticidad a la ciudad, también el fluir del tiempo que capture la cámara, pues no será lo mismo recoger una ciudad a plena luz del día, donde la actividad de sus ciudadanos esté en su punto álgido y donde lo familiar se manifieste, que recoger esa misma ciudad por la noche en su oscuridad, y en donde los personajes se vean expuestos al riesgo y a lo extraño.Cuando ambos aspectos se entremezclan e incluso se invierten, el día pasa a ser el espacio en donde se manifiesta el temor y el extrañamiento. En cambio, en la noche se encontrará la complicidad y el encubrimiento. Cuando esto ocurre nos comenzamos a cuestionar todo ese mundo de visibilidad y de sombras.Una de esas ciudades que mejor representa esta alteración entre el día y la noche es la ciudad de la película de Fritz Lang El vampiro de Dusseldorf (1931). Su título en original alemán es M, una ciudad busca a un asesino. “M” es la marca del asesino, la “M“ de Mörder que llevará a su identificación por parte de los habitantes de los bajos fondos de la ciudad. El asesino de niñas, interpretado de manera tan horrorosamente creíble por Peter Lorre, mantendrá desplegado no solo las fuerzas del día, es decir, las del orden, sino también las de la noche, la de los submundos. Serán estas últimas las que encuentren y acorralen al asesino poniendo a la ciudad a salvo.

La historiadora y cineasta Lotte Eisner, que no sólo no compartía la ideología nacionalsocialista de Thea von Harbou —mujer de Fritz Lang y guionista de la película— sino que claramente mostraría por ella un gran rechazo y antipatía, llegó incluso a admitir por consideración a Lang que “después de todo, la Harbou también habría escrito el emocionante alegato de defensa de Peter Lorre en M” (1). La película El vampiro de Dusseldorf poseía la extraña facultad de invertir y mezclar elementos aparentemente opuestos y contradictorios.

La ciudad de M tiene su origen histórico-narrativo en Dusseldorf; sin embargo, en el transcurso  de la historia su afección es del todo berlinesa.

Es bastante conocido que Fritz Lang obtenía las más fructíferas ideas para sus guiones de la lectura de periódicos y diarios. Durante los dorados años veinte y en las dos décadas siguientes las grandes ciudades alemanas acumulaban delitos violentos y crímenes que rara vez solían resolverse. El punto de partida para Lang fue el caso real del asesino en serie Peter Kürten, llamado también “vampiro de Düsseldorf”. La policía detuvo a Kürten en Mayo de 1930. El guión de M ya se había finalizado por aquel entonces. El caso Kürten sentó las bases de la criminología: fue la primera vez que se constituía el concepto de asesino en serie. Durante este caso y sobre todo durante el juicio salieron a relucir los primeros métodos criminalísticos. No es de extrañar que Lang y Harbou se dejaran inspirar por todos los detalles de esta historia, pues significó también uno de los primeros juicios mediáticos en la historia moderna.

A pesar de que narrativamente M tiene lugar en Dusseldorf nos encontramos que toda la afectividad atmosférica que rodea la película es puramente berlinesa: el dialecto berlinés de los bajos fondos se reconoce claramente, aparecen también insertos de un diario de Berlín, durante la caza del asesino los planos de la ciudad de Berlín serán reconocibles en la comisaría; por último, algunas informaciones que se den durante las conversaciones telefónicas nos indicarán que la ciudad de M se trata de Berlín, aunque Dusseldorf siempre sea el referente histórico-narrativo de la historia. El cine tiene la capacidad de hacer creíble este tipo de mezcolanza.

Sin embargo, todos estos aspectos anteriores no dejan de ser meramente circunstanciales. La figura principal en la que Lang y Harbou se basaron en M para aportar esa atmósfera mundana y cosmopolita propia de una gran ciudad fue la de Ernst Gennat, inspector de la policía criminal de Berlín durante 30 más de años. En Gennat se basó la construcción del personaje del Inspector Karl Lohmann de M. La figura de Ernst Gennat llegó a ser tan inconfundible en la película de Lang que Gabriele Tergit, crítica cinematográfica de esos años insistiría en llamar inspector Gennat al personaje del inspector Lohmann (2).

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Ernst Gennat lideraría la primera unidad especializada en el estudio criminalístico de Europa. Con él se iniciarían por primera vez los análisis caligráficos (como bien recoge Lang en el film), la búsqueda y análisis de huellas, y algo que nos puede parecer muy evidente hoy: el precintar, asegurar y mantener la escena del crimen sin tocar nada. Por aquellos años se le daba una mayor importancia al recato de la víctima, llegando a arreglar e incluso a adecuar el cadáver o la escena de un crimen antes de que se presentaran las autoridades correspondientes. Ernst Gennat sería el que organizara grupos de vigilancia en Berlín para que se pudiera acudir lo más rápidamente al lugar de los hechos. Anteriormente a la creación de esta unidad especializada en el crimen podían pasar varias horas antes de que el funcionario o la autoridad de turno se presentara. Para el caso del vampiro de Dusseldorf se le pidió ayuda a Gennat. Allí desarrollaría el primer método de perfil criminal.

Fritz Lang reflejó estos nuevos métodos no sólo en su película M, sino también en El testamento del Dr. Mabuse (1932). Con estas películas Gennat y sus métodos se hicieron tan famosos fuera de Berlín que Edgar Wallace y Charlie Chaplin acudirían allí para informarse de los nuevos métodos de investigación criminal (3).

Se podría decir entonces que todas esas series de investigación criminal que hoy en día inundan la programación televisiva no son tan modernas en sus métodos como se nos muestra. Únicamente el análisis del ADN marcaría una segunda revolución en la historia de la criminalística, para entonces el nombre de Gennat habría caído en el olvido.

Escribe Laura Bondía (publicado en Encadenados, La revista de cine)


Notas

(1) Eisner, Lotte H. (1988). Ich hatte einst ein schönes Vaterland. Memoiren. Dtv, pág. 116.

(2) Fuente, diario Tagesspiegel: http://www.tagesspiegel.de/berlin/der-buddha-vom-alexanderplatz-kommissar-gennat-war-eine-lebende-legende/4005484.html (7- 09-2014)

(3) Fuente, Centro de Radiodifusión Berlín-Brandenburgo: http://www.rbb-online.de/doku/s-t/tatort-berlin-ernst-gennat.html (7-09-2014)

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~ por elmiradornews en 24 enero, 2016.

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