Difret (4)

La chica hirut

difret-1Conocí a Zeresenay Berhane durante la presentación de Difret en la Berlinale del año pasado. Me pareció una persona comprometida y muy conocedora de las diferentes culturas, desde las más cosmopolitas hasta las más arraigadas en la tradición. Difret me sorprendió pero también lo hizo su realizador. En aquel entonces Berhane venía de promocionar su película en el festival de Sundance y yo tuve la suerte de verla en Berlín y de entrevistarle antes de que se presentara oficialmente a la prensa. Es decir, antes de que le llovieran los premios y de que los focos se centraran en él. Tanto el festival de Sundance como el de Berlín le otorgaron sendos premios al público.

La acción de Difret se desarrolla en Etiopia en el año 1996. La abogada Meaza Ashenafi y su organización luchan por los derechos de las mujeres y niños de su país. Meaza se implica muy intensivamente en el caso de una joven de familia Hirut de 14 años, que fue secuestrada y violada por un agricultor cuando salía del colegio. Este tipo de acciones se vienen realizando durante años ya que forma parte de una costumbre tradicional y arraigada en varios pueblos llamada Telefa, por la cual para conseguir a una mujer, el futuro marido tiene que secuestrar y violar a la candidata.

Difret, la joven hirut, consigue escapar, matando en defensa propia a su violador. En una sociedad tan arraigada y tradicional como la hirut esto es una gran transgresión y las autoridades no sólo no la ayudarán, sino que la encarcelarán con la intención de condenarla a la pena máxima, la muerte.

Meaza intervendrá ayudando a Difret, luchando no sólo por la vida de la muchacha, sino en contra de una tradición y creencia de siglos de antigüedad que se basa en el maltrato y violación de los derechos de las mujeres. Meaza se enfrentará a la autoridad local y su propia labor será puesta en cuestión.

Difret está basada en hechos reales. La muchacha hirut existió en la realidad y, como en la película, a ella y a su familia se les pusieron extremadamente en entredicho. Por suerte para la muchacha, la figura de la abogada también existió, dándole asilo y apoyo legal. Gracias a su diligencia, buscando información e indicios, consigue probar que la muchacha tenía realmente 14 años y que no era adulta como afirmaba la acusación, con ello conseguirá rebatir la pena de muerte.

La constelación que se plantea entre la lucha de los personajes y su progresivo cambio y evolución hacen de Difret una película emocionante. Así que, en realidad, no importa que en esta crítica se explique en demasía el argumento, como tampoco que algunos de los actores no sean profesionales. Más aun, aunque se pueda percibir por momentos la falta de medios en el rodaje o el uso de una cámara-ojo un tanto inocente, todo junto contribuye a una frescura que se echa de menos en la mayoría de las producciones actuales.

Una de las escenas más impresionantes tiene lugar en el pueblo de Difret. Bajo un árbol se reúne el consejo del pueblo para discutir y decidir sobre el caso. Paralelamente el “otro juicio” se realiza en la ciudad. La dicotomía entre la ciudad y el pueblo se hace patente. Sin embargo, en ambos se estanca la tradición y el arraigo. No existe una verdadera dualidad entre la modernidad y la tradición. Berhane no lo ve como alternativa y para él, como para Difret, el pueblo y la ciudad no dan salidas a este estancamiento en la tradición.

Esta escena bajo el árbol, en el pueblo, tiene algo de irreal pero auténtico, el padre del hombre fallecido se lamenta y se queja por la muerte de su hijo, culpando a la familia de Difret por no seguir la tradición. Otros hombres tomarán la palabra y acusarán claramente al maestro de Difret, presente en la reunión, por transmitir a los niños del pueblo “falsos valores”. Cuando el padre de Difret toma la palabra se pondrá de manifiesto estas diferentes visiones y constelaciones.

Al preguntar a Berhane sobre esta escena, recuerdo que me contó que fue para él una escena muy delicada de rodar, ya que no se trataba de actores, sino que realmente muchos de ellos formaban parte del consejo del pueblo, acostumbrados a seguir y a cultivar las tradiciones.

En Berhane se mezclaron, por una parte, los sentimientos de agradecer al pueblo y a todos sus miembros la ayuda del rodaje de estas escenas, a pesar de lo que implicaban. Por otra, se trataba de los mismos que guardaban y continuaban la tradición. Esa tensión que se mantiene a lo largo de la película se trasladó también al propio realizador, que intentó desarrollar su proyecto sin tabúes ni convencionalismos y al mismo tiempo sin prejuicios frente a los habitantes hirut.

Berhane proviene de Etiopía y estuvo contando como su país carecía totalmente de recursos y de una cinematografía propia. Difret es una de las pocas películas etíopes que este país ha conseguido realizar. Por tanto, el espectador se podrá imaginar lo arduo del camino hasta la finalización del proyecto. Angelina Jolie ayudó a Berhane a producirla.

Escribe Laura Bondía (publicado en Encadenados, La revista de cine)

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~ por elmiradornews en 24 enero, 2016.

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