Boyhood (Boyhood, 2014). El transcurso del tiempo y la cotidianeidad

boyhood-0No son pocos los poetas, filósofos y cineastas que han dedicado largas reflexiones a la noción de  temporalidad, llegando a la conclusión de que en el tiempo se encuentra el sentido de la vida y de que el sentido del existir humano radica en la temporalidad. Si alguna vez una película rozó la idea de temporalidad no como mera serie sucesiva y lineal de momentos transcurridos, sino como momentos vividos y experiencias únicas dentro de su cotidianidad, se trata de Boyhood.

Boyhood es el último trabajo del director Richard Linklater, conocido sobre todo por su trilogía Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2004) y Antes del anochecer (2013). Para muchos tres películas esenciales sin las cuales no hubiera sido posible la realización de su último y más elaborado proyecto: el de filmar la vida en su fluir y en toda su cercanía.

Linklater estuvo trabajando en Boyhood desde 2002 hasta 2013 y en 39 días de rodaje quiso plasmar experiencias cotidianas, momentos de la infancia y el proceso de convertirse en adulto de Mason (Ellar Contraine). A lo largo de casi tres horas le veremos crecer en el marco de una familia formada por una amalgama de miembros de anteriores relaciones. Asistiremos al cambio y al crecimiento de Mason, al de su hermana Samantha (Lorelei Linklater) y a la entrada en la madurez de Olivia, su madre (Patricia Arquette).

Varios maridos y padrastros transcurrirán por sus vidas, desapareciendo entre secuencia y secuencia, sin necesidad de explicación, ni aclaración. Al fin y al cabo, las equivocaciones no son fáciles de justificar, es más, en la vida es inevitable cometerlas varias veces. De todos los cambios y de todos los lugares desde donde vemos desfilar las cosas, lo que permanece es el firme vínculo entre la madre, los dos hijos y un padre esporádicamente presente (Ethan Hawke).

Linklater no hace uso de la continuidad clásica fílmica que se enseña insistentemente en las escuelas de cinematografía o de guionistas. La continuidad de la que él hace uso es de otro tipo: la del momento y la del “ahora” vivido, centrándose precisamente en lo extraordinario de la experiencia cotidiana.

Yo quería mostrar la vida normal y una familia normal. No quería mostrar los momentos grandes que ya hemos visto en otras películas, como la experiencia del primer beso, la pérdida de la virginidad… Supongo que intentaba capturar pequeños momentos”, nos comentaba el propio Linklater durante la rueda de prensa del Festival Internacional de Berlín de 2014.

Boyhood reúne fragmentos de vida y sus transiciones. Esto nos hace ser conscientes, como espectadores, de algo tan obvio como olvidado: en nuestras experiencias cotidianas todos estamos envueltos en el transcurrir del tiempo y, sin embargo, cuando intentamos capturar su noción, ésta se nos escapa. Esto último es lo que intentará explicar una compañera de universidad a Mason durante una excursión: que en realidad es el momento quien nos tiene y no nosotros a él.

El fluir del tiempo es algo que también el personaje de Samanta sentirá al final en toda su inclemencia. “Es extraño. La vida fluye, pasa muy rápido y creo que esto lo sentimos también cuando vemos esta película, sentimos que rápido transcurre el tiempo”, apuntaba Patricia Arquette en Berlín sobre su personaje y sobre su propia experiencia como espectadora.

El tiempo fue un elemento básico también en la producción y en la propia disposición organizativa de la película. Linklater tenía la estructura de todo el proyecto en su cabeza, dejándose un año de pausa para reflexionar en profundidad sobre cada segmento filmado.

Boyhood dejó prácticamente arrinconados los demás trabajos que optaban también al Oso de Oro en el Festival de Berlín. Ocurrió de forma insospechada, muchos periodistas iban ya de regreso a sus países, pues lo que suele suceder los dos últimos días de los festivales es que las películas más “importantes” ya se han presentado, dejando las más “flojas” para el final. De repente, la sorpresa,  el asombro y algo que yo nunca había presenciado hasta ahora de manera tan manifestada: tanto crítica como público aunados en un aplauso atronador.

Boyhood se llevó el cariño de la Berlinale de 2014.

Escribe Laura Bondía (publicado en Encadenados, La revista de cine)

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~ por elmiradornews en 24 enero, 2016.

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