Berlinale, 65 Festival Internacional de Berlín (5): Larraín, Guzmán, Dresen y Jacquot

El club, un gran film

el-boton-de-nacarLa última película de Pablo Larraín ha impactado a la prensa y al público de la Berlinale. El club pasa a convertirse en seria favorita al Oso de oro junto a la película 45 de Andrew Haigh, Taxi de Jafar Panahi y Eisenstein en Guanajuato de Peter Greenaway.

Larraín esboza una historia desgarradora con pinceladas de humor negro, cinismo y crueldad. La película comienza con imágenes en una playa de la costa chilena antes de que rompa el día. Un hombre está entrenando a un perro galgo con ayuda de un cebo colgado de una vara. El galgo y el cebo recorren a la par círculos continuos a la tenue luz del alba. Larraín usa esta imagen como alegoría de la relación entre la luz y las tinieblas en una especie de continuo retorno: “la luz y las tinieblas no son disociables y esta idea forma el alma de esta película”, comentó el director en la rueda de prensa.

El club no está formado por personas a quienes les una alguna afición o deporte, sino por un grupo de religiosos apartados por la iglesia. La casita en la playa no es ningún lugar de retiro, sino una especie de “residencia disciplinaria” supervisada por la hermana Mónica (Antonia Zegers). Se trata de uno de los lugares en donde la iglesia mantiene ocultos a aquellos religiosos que han tenido que ver con abusos sexuales a niños con la esperanza de que un día la opinión pública les olvide.

Una de las pocas distracciones que tienen los religiosos es el entrenamiento de perros galgos de carrera, sacándose así algún dinero extra. La tranquilidad de estos religiosos retirados se verá trágicamente perturbada con la llegada de un nuevo padre y por la aparición de Sandokán (Roberto Farias), un hombre con comportamiento psicótico que se entromete en la vida de ellos y que desencadenará los acontecimientos.

El club llega en un momento en donde la sensibilidad por los casos de abusos sexuales de la iglesia en España es muy alta. Los diálogos recorren caminos inesperados al igual que la historia. Realmente Larraín ha escogido un camino muy arriesgado con esta película pero muy consecuente en su crueldad y cinismo.

En la rueda de prensa Larraín comentaba que teniendo él mismo una formación católica conoció a tres tipos de sacerdotes: aquellos que entendían la religión como un camino de acercamiento a Dios, aquellos que estaban en la cárcel o en proceso de enjuiciamiento y por último aquellos que la iglesia aparta y esconde por diversas razones. Esto último le pareció un punto de partida fascinante para realizar una historia.

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La segunda película chilena a competición es el documental El botón de nácar del realizador Patricio Guzmán. Un trabajo que enlaza diversos hilos de la historia de Chile: el exterminio indígena de Patagonia con los “desaparecidos” de la dictadura de Chile.

Un botón de nácar es el motivo que reúne a ambos hilos de la historia y su lugar de encuentro será el océano: por un lado, Jimmy Button, el indígena de la Patagonia que vendió su libertad a cambio de un botón; y por el otro, el botón oxidado de un desaparecido incrustado en uno de los raíles de trenes que se usaba para hundir los cuerpos en el océano.

El documental viene narrado por una voz en off que asienta los parámetros de la historia y aquí es donde como espectadora me siento incómoda por esa manera que tiene Guzmán de dirigir tan herméticamente mi atención y vinculación con la historia. La voz narrativa te fuerza a mantener su percepción y perspectiva constantemente, sin posibilidad de desoírla. El botón de nácar es un trabajo que a muchos críticos les ha resultado demasiado similar a su trabajo anterior Nostalgia de la luz (2010).

La segunda película alemana a competición Als wir träumten (Cuando soñábamos) realizada por Andreas Dresen, ha obtenido gran triunfo dentro de la prensa alemana. Andreas Dresen es un realizador muy apreciado en Berlín. Aquí se atreve a adaptar a la pantalla la exitosa novela homónima de Clemens Meyer con ayuda de Wolfgang Kohlhaase, considerado uno de los mejores guionistas del país.

A pesar de este apreciado triángulo, la película me resultó lejana en todo momento. No sé si sería por esa carencia de vinculación a unos personajes provenientes de la RDA, provenientes del Leipzig más anárquico o por esa insistencia en la brutalidad callejera acompañada de música tecno y ambientes de luces estroboscópicas lo que hizo que sintiera que no mucho de esa película tenía que ver conmigo.

Algo peor me fue con la película francesa Journal d’une femme de chambre realizada por Benoit Jacquot, a quien le doy el mérito de una buena ambientación y elección de actores, pero a mi ver le falta arranque y fuerza narrativa. Quizás sea esto debido a que la historia sea para el público francés de sobra conocida. Al fin y al cabo dos maestros del cine como Renoir y Buñuel ya la habían adaptado anteriormente.

Escribe Laura Bondía (publicado en Encadenados, La revista de cine)

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~ por elmiradornews en 24 enero, 2016.

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