Alain Resnais: La gratificación del rodaje

Amar, beber y cantar

 

amar, beber y cantar. Última película de Resnais

amar, beber y cantar. Última película de Resnais

Cuando vi Aimer, boire et chanter el pasado febrero durante el Festival Internacional de Berlín me embargó un profundo sentimiento de melancolía. Tuve la sensación de que se trataba de la obra de alguien que se marchaba de los escenarios (ya sea del teatro, del cine o de la vida), despidiéndose de manera inusitadamente jovial aunque, al mismo tiempo, con una gran desazón.

Casi cada una de las escenas de Aimer, boire et chanter personaliza algún tipo de intersección o de cruce de caminos entre el teatro, el cine, la vida y el tiempo. No es casualidad que Resnais decidiera modificar el título de la obra de Alan Ayckbourn Life of Riley, en la que se basaba el guión de la película, por Amar, beber y cantar, puesto que en cada escena de este trabajo se desprende un gran entusiasmo por la vida y el amor en todas sus diferentes etapas.

Aunque muchos no lo crean, el potencial experimentador de Alain Resnais estaba intensificándose  en estos dos últimos años. Resnais intentaba romper las paredes entre el cine y el teatro, también entre el cine y la vida. En Aimer, boire et chanter no encontraremos marcos o paredes que delimiten el espacio, incluso presenciaremos momentos donde el fondo del cuadro muestre una trama vacía, acentuando con ella el desvanecimiento del escenario y del atrezzo.

La puesta en escena, ya fuera en teatro o en cine, suponía para Resnais precisamente aquel momento tan esperado de la sorpresa y del recreo. Esto no cambió nunca en todos sus años de trabajo: “para mí el proceso de rodar supone siempre y felizmente un momento lleno de sorpresas aunque el guión sea muy maduro en su elaboración. La escritura del guión y su planificación es para mí sumamente difícil y dolorosa. Por ello, el rodaje significa recuperación, distensión y gratificación” (1).

Cuando llegó la hora de los galardones finales de la Berlinale me encontraba sentada al lado de un buen colega, viendo la ceremonia y esperando en mi fuero interno que Aimer, boire et chanter se llevara algún premio. Resnais se lo llevó y precisamente un premio que suscitó no sólo sorpresa, sino gran extrañeza: Resnais obtuvo el premio Alfred Bauer dedicado a realizadores que abren nuevas perspectivas.

Algún que otro medio nacional español tachó incluso el premio de ridículo, alegando la avanzada edad de Resnais y que éste ya abrió nuevas perspectivas en la década de los 30 (en realidad, los primeros trabajos de Resnais como realizador tendrían lugar a finales de los cuarenta). Sea como fuera, no deja de ser cierto que Resnais también intentaba abrir nuevas perspectivas durante estos últimos años. Y créanme, esto que escribo no es una afirmación lanzada a post festum en recuerdo de la marcha de uno de los directores más grandes (y más musicales) de la historia del cine.

Al terminar la gala de premios, recuerdo durante la cena mi torpe intento por explicar en inglés a una colega de prensa extranjera, la razón por la que yo pensaba que el jurado había acertado con este premio. No sé si lo logré, pues no sólo ella, sino muchos otros colegas no pudieron ver ni siquiera la película. Es la desventaja o el síntoma de cómo funciona la información en esta era de la instantaneidad y la falta de asimilación. En un programa tan apretado y vasto como el de la Berlinale de este año, parecía no esperarse nada nuevo de un realizador de 91 años, así que muchos optaron por acudir a otras películas o secciones paralelas.

Tuve la gran suerte de poder entrevistar a Sabine Azéma, Hippolyte Girardot, Caroline Silhol y a Sandrine Kiberlain, maravillosos actores todos ellos no sólo de Amar, beber y cantar sino del cine francés. Durante esa intensiva mañana de entrevistas tuve la misma sensación que cuando vi la película. Todos los encuentros entre los personajes de Amar, beber y cantar se rodeaban de la presencia de Riley, el ausente protagonista y lo mismo sentí que ocurría con Resnais y sus actores.

La huella constante de Riley impregna las vidas de los personajes, también sus acciones y sus diálogos. Se trata de alguien a quien nunca llegamos a ver en la pantalla. Sabine Azéma, Hippolyte Girardot, Caroline Silhol y Sandrine Kiberlain hablaron de Resnais con los mismos trazos que sus personajes lo hacían sobre Riley. Fue emocionante escucharles hablar sobre alguien que les sorprendía, les comprendía  y les invitaba a entusiasmarse un poco más de la vida.

Escribe Laura Bondía

artículo publicado en Encadenados, la revista de cine


Nota

(1) Entrevista de Peter W. Jansen publicada en Alain Resnais Serie Film 38, Editorial Carl Hanser, Munich 1990, página 50 (traducción propia)

alain-resnais

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~ por elmiradornews en 8 junio, 2014.

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