Fritz Lang, el hombre del monóculo

La dificultad de escribir sobre Fritz Lang

Film Director Fritz LangNací el cinco de diciembre en Viena, Austria. Mi padre, Anton Lang, fue arquitecto municipal. Mi madre se llamaba Paula y era proveniente de Schlesinger. Mi padre quería que yo fuera arquitecto también como él…” (1)

Así empezaba la sintética autobiografía que Fritz Lang escribió y que se publicaría como parte del libro Fritz Lang de Lotte Eisner, periodista, cuidadora durante años de los archivos y fondos de la Cinemateca Francesa, historiadora y también madre del llamado nuevo movimiento alemán. Eisner es también la autora de una de las obras escritas más importantes sobre el realizador F. W. Murnau.

La propia Eisner confesaría en el prefacio de su libro Fritz Lang que le fue más difícil escribir sobre este último que sobre F. W. Murnau: “A Murnau nunca le conocí. Cuando yo llegué al mundo del cine en 1927, él se había trasladado a los Estados Unidos. Para poder descubrir algo sobre sus métodos de trabajo tuve que pasar dos o tres años entrevistando a las personas que trabajaron con él.” (2)

Asimismo Eisner también tuvo que realizar una importante búsqueda de materiales, entre ellos  los guiones originales de las películas de Murnau, ya que gran parte de su obra cinematográfica  desapareció y estos guiones solían tener anotaciones y comentarios muy valiosos del realizador. Este tipo de indagaciones supuso un trabajo arduo para Eisner, pero le aportarían una visión más completa del estilo de Murnau. Fue un cometido “de quasi excavación arqueológica” (3) que le llevaría unos siete años de escritura. ¿En qué consistió pues, la mayor complejidad de la realización de un libro sobre Lang? Eisner aclara la razón:

Conocía a Lang desde hacía muchos años y tuve oportunidad de hablar y discutir con él en París y Beverly Hills sobre sus películas, de hacerle preguntas, de realizar discusiones e incluso de pelearme ocasionalmente con él. Además tuvimos la oportunidad de aclarar por correo muchos aspectos. Lang me confió a mí y a la Cinemateca Francesa todos sus guiones americanos. Cada capítulo se le era enviado en cuanto estaba terminado para aprobación y verificación de datos y hechos” (4).

A pesar de todo ello, Eisner haría hincapié en que Fritz Lang nunca intentó influir en su punto de vista crítico.

Cuando leo estos pasajes escritos en mi vieja edición londinense del 76 no puedo evitar pensar que ese privilegiado acercamiento a la obra y a la persona de Lang que Eisner tuvo y que hace tan rico su trabajo, conlleva a su vez cierta reserva: la influencia del propio Lang tanto sobre su visión como también en su elaboración del libro.

Lang no era precisamente una persona que le diera poca importancia a su imagen pública. El hombre del monóculo poseía cierta vanidad y me puedo imaginar que Lotte Eisner no lo tendría fácil a la hora de mantener su cercana amistad y al mismo tiempo una necesaria distancia crítica. En ese sentido entiendo bien que su libro sobre Lang le ofreciera más resistencia que el trabajo arqueológico realizado sobre Murnau.

Recuerdo hace aproximadamente dos años al entrevistar a Volker Schlöndorff durante el Festival Internacional de Berlín que hablando un poco sobre su experiencia en Francia como estudiante y asistente salió el tema de Lang. Lotte Eisner facilitaría el primer encuentro entre ambos en la Cinemateca Francesa durante los años setenta. Schlöndorff me comentaba, entre otras cosas, precisamente ese aire que poseía Lang de personaje salido de otra época y cómo contrastaba esta imagen con la de aquellos años de revolución estudiantil. Encontré el pasaje de las memorias de Schlöndorff al que él mismo me remitió:

Durante una aparición en la Cinémathèque en París él (Lang) me firmó un cuaderno de Cahiers du Cinèma. (…) Se había finalizado el rodaje de Das “Kindische” Grabmal (5), como él lo llamaba. Él preparaba otros proyectos, entretanto ya había alcanzado la edad de setenta años y era tan impresionante como un monumento vivo: con su monóculo, los pantalones grises de franela  y el suéter informal y la impecable camisa con pajarita. (…) Increíblemente amable y cortés sonaba su alemán como salido de otra época” (6).

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El impecable Lang

El uso del adjetivo “impecable” que hace Schlöndorff es muy adecuado pues Lang tenía esa mezcla de orgullo y vanidad que le hacía mostrarse como una persona “impecable” en todos los sentidos. Impecable en sus apariciones, impecable en su forma de expresarse, impecablemente perfeccionista en su trabajo como realizador e impecable, sobre todo, en su no intervención en la construcción de un sistema de propaganda cinematográfico durante la Alemania nazi pero ¿podemos estar seguros que todos los “hechos y datos” que Lang aseguró a Eisner y a otros medios se dieron tal y como él los narró?

Si echamos un vistazo a las memorias de Lotte Eisner en Ich hatte einst ein schönes Vaterland ella relata:

“Cualquiera que se interese por Fritz Lang y sus películas ha escuchado alguna vez sobre la conversación legendaria a cuatro ojos entre él y Joseph Goebbels (ministro de propaganda del tercer Reich). El propio Lang, que normalmente guardaba completamente silencio y era totalmente discreto sobre su vida privada porque como él decía nada tenía que ver con sus películas, narraba con predilección esta historia y la adornaba y embellecía cada vez un poco más. Sobre que esta conversación tuvo lugar no hay ninguna duda, pero probablemente Lang exageró ligeramente el peligro, en el cual él creía estar, pues le gustaba estilizarse con posterioridad como perseguido político y mártir del nazismo” (7).

Nadie como Lotte Eisner para realizar un juicio así sobre su buen amigo Lang, pues ella y su familia tuvieron que experimentar en sus propias carnes la política de violencia, persecución y exterminio del régimen nacional-socialista. Sin embargo, aceptando como Eisner que esta conversación entre Goebbels y Lang tuvo realmente lugar, durante los años noventa salieron sin embargo, algunos aspectos a la luz que aportaron un cariz diferente a la historia de Lang y que contradicen en parte su relato (8).

Fritz Lang contaba que en la reunión con Joseph Goebbels en 1933 se temía todo lo peor, pues estaba convencido de que esa reunión tenía que ver con la prohibición de su film Das Testament des Dr. Mabuse. Sin embargo, Lang se ve sorprendido cuando Goebbles le comunica lo que el Führer ha declarado sobre él: “Ese es el hombre que nos obsequiará con películas nacional-socialistas”. Según la versión de Lang, Goebbels le acabaría ofreciendo la dirección completa de la industria fílmica alemana. No obstante, Lang en su posición como anti-nacionalsocialista actuaría de manera cauta y a su vez impecable. Lang le pedirá a Goebbels un tiempo para reconsiderar la oferta, siendo consciente del gran peligro en que se hallará si la rechaza de inmediato. Al término de dicha reunión Lang decide abandonar definitivamente Alemania y “esa misma noche”, y sin poder siquiera retirar su dinero del banco, tomaría el tren a París para no volver hasta años después.

En el visado de viaje y pasaporte de Fritz Lang que Lilly Latte, su última compañera sentimental, donó a la fundación de la Deutsche Kinemathek en los años noventa se puede ver que el último sello de entrada en Francia lleva la fecha del 31 de Julio 1933, cuatro meses después del encuentro con Goebbles y cuatro meses después de que según su versión, él hubiera huido a París.

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La precipitada huida a París

El pasaporte de Fritz Lang contiene varios sellos de entradas y salidas, pero no se encuentra ninguna visa de entrada ni ningún sello de salida durante los meses de febrero, marzo y comienzos de abril. Goebbles fue nombrado ministro de propaganda y Volksaufklärung el 13 de Marzo de 1933. El testamento del doctor Mabuse tenía planeado su estreno para el 24 de Marzo pero se pospuso aludiendo “problemas técnicos” (9). El 30 de Marzo se anuncia la prohibición de El testamento del doctor Mabuse. La conversación entre Goebbles y Lang tenía que haber tenido lugar entonces, entre el 14 y 30 de Marzo (10). Esto no concuerda con la fecha de entrada en Francia el 31 de Julio.

Otro dato que hace dudar del relato de Lang es que a finales de junio y julio de 1933 Lang realizó transacciones por valor de 1,366 Reichsmark en la unión de agencias de viajes internacionales (Weltreisebureau Union) con sede en Berlín y que quedaron plasmadas en detalle en su pasaporte. En concreto las fechas fueron el 26, 27 de Junio y el 20 Julio. Necesariamente Lang tenía que haber estado esas fechas en Berlín.   

Sabiendo esto, la cuestión de qué partes de la historia que nos relata Lang son ciertas y qué partes no, parece algo difícil de discernir. Pienso al igual que Eisner que esa conversación entre Goebbels y Lang tuvo lugar. Al fin y al cabo, parece del todo plausible que se le ofreciera al director de Los Nibelungos, película muy valorada por los nazis debido sobre todo al tratamiento del mito fundacional germánico, la dirección de la futura industria fílmica nacional-socialista.

Sobre la cuestión de su “precipitada” huida a París considero que es posible que Lang lo relatara de esta manera porque, tal y como describió Eisner, a Lang le gustara reconocerse como perseguido político. Su decisión sobre la oferta de Goebbels no sería tampoco fácil y aunque no se tengan suficientes elementos para juzgar si realmente Lang no dudó del cariz criminal que iba tomando el nuevo régimen nacional-socialista y del peligro en el que él se pudiera hallar ante una negativa, lo que es razonable es pensar que Lang necesitara cierto tiempo para preparar su emigración a París.

Otros personajes ligados al mundo cinematográfico o cultural sucumbirían ante la oferta del gobierno nacional-socialista de poner todo a su disposición, sin escatimar ningún tipo de recurso material ni humano. Fueron los casos por ejemplo, de la bailarina, actriz y cineasta Leni Riefenstahl  y del arquitecto Albert Speer.

Escribe Laura Bondía

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Notas

(1)  Eisner, Lotte H. (1976). Fritz Lang. Secker & Warburg, pág. 9.

(2) Ibid., pág. 7

(3) Ibid.

(4)  Ibid.

(5)  Juego de palabras: la traducción del título en español es la tumba india. Lang realiza un juego de palabras y modifica la palabra “indisch” = indio/a por “Kindisch” que en alemán significa infantil pero también pueril. Lang ironizaba probablemente su frustración por no poder realizar una película más acorde con su comeback a Alemania.  La tumba india no obtuvo el éxito esperado, se le criticó una apariencia entre kitsch y lo monumental rancio. 

(6) Fuente: http://www.volkerschloendorff.com/personen/fritz-lang/ (4.08.2013)

(7)  Eisner, Lotte H. (1988). Ich hatte einst ein schönes Vaterland. Memoiren. Dtv, pág. 127.

(8)  En esta parte del artículo me apoyaré en en artículo Fritz Lang and Goebbels: Myth and Facts de Gösta Werner publicado en la revista Film Quaterly en la primavera de 1990, así como en el artículo Ein Schlafwandler bei Goebbels de Willi Winkler publicado en la revista alemana Der Spiegel el 26.11.1990. 

(9)   Véase el artículo de  Gösta Werner.

(10)  Según las referencias de Gösta Werner la conversación entre Lang y Goebbels tuvo lugar el 28 de Marzo.

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~ por elmiradornews en 12 enero, 2014.

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