Cosmopolis (Cosmopolis, 2012)

Las ratas de Wall Street

Cuando David Cronenberg presentó su película Un método peligroso durante el pasado festival de Venecia pude preguntarle durante la rueda de prensa si consideraba que había cambiado en algo su manera de hacer cine, pues personalmente pensaba que su obra había alcanzado un punto de inflexión con la película Spider.

Cronenberg contestó que había cambiado en su manera de entender y de ver el cine. Ahora no rodaba tanto como en sus películas anteriores y montaba mucho más rápido de lo que antes hiciera. “Es diferente a lo que hacía cuando empezaba, pues estaba explorando lo que era el cine, pero con respecto al cambio, tengo un principio básico que es darle a la película lo que ella requiere. La película te dice lo que necesita y yo se lo doy. A veces he escuchado a gente decir ¿vas a <cronenbergizar> esto?, queriendo decir que si iba a darle al film una impronta por la que se supiera que era un film mío. Jamás he pensado o trabajado de esa manera. Tienes que ser muy honesto con tu proyecto. Una vez que decidí hacer el guión de Un método peligroso tengo una devoción completa por el guión, por los actores y por la época. No tengo pensamientos en mi mente sobre otras cosas, simplemente ruedo el film que pide que ser filmado. Así que Spider es diferente a Una historia de violencia, por ejemplo. Cada película tiene sus propias dimensiones y sus propios requerimientos”, nosexplicó.

En realidad, mi pregunta surgía desde una gran admiración a su obra, lo reconozco. Con sorpresa vi que durante la presentación de Cosmópolis en el festival de Cannes, un periodista le preguntó algo similar pero con diferente intención. Aquí daba la sensación de que a Cronenberg se le reprochaba el cambio que había tomado su obra con respecto a años anteriores, pues Cosmópolis no había simplemente dividido a la crítica como ya lo hiciera Un método peligroso, sino que incluso había defraudado a muchos de los periodistas en su estreno mundial, considerándola una obra “demasiado fiel” a la novela de DeLillo y “decepcionante” en relación a películas anteriores.

Es lo malo de convertirse en un director de “culto” que todavía se mantiene en activo y que sigue evolucionando en su cine. Si uno lo piensa bien, parece que la pertenencia al “culto” exige a veces un cierto estancamiento de la obra.

A pesar de que en Cannes Cronenberg contestó un tanto incómodo debido al ambiente hosco de la rueda de prensa, hay algo que dijo que me gustó mucho. Para Cronenberg la esperanza radica siempre en el arte, pues los proyectos grandes y caros no suelen conllevar riesgos: “No existe el desafío cuando hay demasiado dinero de por medio”.

Esto mismo se puede aplicar a Cosmopólis. Con ella Cronenberg realiza un film incómodo y de poco presupuesto a pesar de contar con actores-estrella como Pattinson o Binoche.

Cosmópolis es incómoda, pues no llega a satisfacer a aquellos que esperan una determinada crítica al capitalismo más feroz, y no porque esta no se de, sino por la manera en que esta se representa, ya que aquí esta crítica no se adapta al típico patrón de la izquierda progresista. En efecto, se trata de una crítica al capitalismo, pero también a determinadas actitudes izquierdistas vacías.

 

Cosmópolis tampoco contentará a aquellos que esperen una película cerrada desde un aspecto clásico argumental. Aquí el valor del dinero adquiere dimensiones abstractas y propias del tedio más absoluto, por lo menos para el protagonista, y Cronenberg nos hace seguir los diferentes recorridos de un inexpresivo personaje que nunca llega a satisfacer sus deseos, por más simples que estos aparenten ser. La línea argumental poco tiene que ver con el llamado plot, desenlace cerrado y punto de giro clásico. Más bien seguimos a un personaje en plena revuelta edípica, con todas sus preguntas, búsquedas e insatisfacciones.

Eric Packer (Pattinson) es un joven de 28 años megamillonario que ha amasado su fortuna en Wall Street y que aparentemente lo tiene todo. Eric circula por las calles de la ciudad en su limusina, el espacio que le abastece y le protege, una especie de cavidad uterina o de cocoon tecnológico que nunca llegará a la metamorfosis. Eric se muestra arrogante, narcisista, indiferente e incapaz de dejarse asombrar por lo que el mundo le pueda ofrecer. Busca algún tipo de transgresión pero no encuentra satisfacción.

La película se inicia con una escena en Manhattan en donde podemos ver a un gran número de limusinas blancas recién pulidas. Eric habla con Torval, el jefe de sus guardaespaldas, ambos están vestidos con elegantes trajes negros y muestran rostros impasibles, al modo de unos Men in Black en Wall Street.

Eric quiere cortarse el pelo, a pesar de las advertencias de Torval, pues el presidente de los Estados Unidos va a pasar con su comitiva por la ciudad y esto ocasionará grandes atascos. Mal día para atravesar la ciudad en busca de una específica peluquería. Como un niño pequeño, Eric no se deja convencer e insiste en tener su corte de pelo. El corte de pelo manifiesta su deseo incompleto en el orden simbólico. De hecho, Cronenberg tiene el cuidado y detalle de mostrar lo incompleto y fallido de ese acto.

Será muy significativo que en Cosmópolis todo lo relacionado con la política supone una especie de impedimento o demora dentro del trayecto que realizan los personajes. Aunque en realidad, da lo mismo, pues de todas maneras el viaje no llega nunca a ninguna parte.

 

Espero que los espectadores se animen a ver Cosmópolis a pesar de que no obtenga muy buenas críticas. A mi ver Cronenberg acentúa aquí aspectos que aunque él nunca abandonó del todo en sus últimas producciones, desatendió en favor de otros.

Así, encontramos en Cosmópolis referencias tan cuidadosas y detalladas a los símbolos y mitos en los que se basa parte de nuestra sociedad occidental. Estos mitos aparecen a veces de una manera degenerada y banal. Es algo que Cronenberg siempre ha intentado desde sus primeras películas, pues ¿qué mejor manera de mostrar las brechas de un sistema que destapando los frágiles mitos en los que este se fundamenta? Me refiero aquí sobretodo a los últimos veinte minutos de la película.

Sin ánimo de desvelar nada, les diré que se trata del encuentro final entre Eric y Benno (Paul Giamatti), un antiguo empleado de Packer. Benno hace su aparición saliendo de un retrete y se muestra con una toalla sobre su cabeza como si fuera una especie de Abraham desvirtuado. Al igual que el mito fundante de Abraham, Benno tiene que realizar un sacrificio que se tratará también de un asesinato con sus consecuencias y su significado. En el mito de Abraham este asesinato no se llevará a cabo, no desvelaré si en Cosmópolis tampoco tiene lugar. ¿Será impedido el sacrificio por una fuerza mayor?

Según el autor y teólogo Franz J. Hinkelammert la historia de Abraham cumple la función de “un mito fundante de toda una estructura social. Tiene un sentido moderno, porque sostiene la ambigüedad. Se puede leer desde el punto de vista de la clase dominante, y se puede leer desde el punto de vista de la liberación frente a la opresión”.

Esa ambigüedad está siempre presente en Cosmópolis. Eric busca en cierta manera la liberación a través de Benno. Sin embargo, Eric tampoco se trata precisamente de un típico personaje oprimido por la clase dominante. Cronenberg pervierte esa relación entre víctima y agresor, y por qué no decirlo, también entre padre e hijo.

 

 

 

 

Con respecto a esta última escena el propio Cronenberg declararía en Cannes que a pesar de que se pueda pensar que tenga un efecto mini teatral (ambos personajes se pasan veinte minutos en una misma habitación conversando) es a pesar de ello muy cinematográfico debido a la intensidad de vibración entre la cámara, los personajes, los efectos de las distancias, las lentes y el efecto del sonido. “Esos últimos 22 minutos son para mi esencialmente cine”, declaraba Cronenberg… y cuando el espectador los vea, coincidirá con él.

Las ratas juegan un papel importante en Cosmópolis, estarán presentes durante todo el film en forma de disturbios. En la novela de DeLillo éstas conforman incluso el carácter de Eric. Cuando vi la película me recordaron a las ratas migratorias que describía Heinrich Heine:

“Existen dos tipos de ratas:
Las hambrientas y las hartas.
Las hartas se quedan en casa, contentas;
Por contra, emigran las hambrientas”
(…)
Y es que tales ratas salvajes
No temen al infierno ni al gato.
No poseen bienes ni dinero,
Y desean partir de nuevo el mundo”.

Heine plasmaba en su poema (1845-1856) el temor de la burguesía por la revuelta social del proletariado. Sin embargo, DeLillo y Cronenberg pervierten totalmente esas relaciones sociales. Las ratas de Cosmópolis son las de Manhattan y Wall street. No obstante, el sentido de la revuelta permanece.

Escribe Laura Bondía

 

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~ por elmiradornews en 18 noviembre, 2012.

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