Crimes of the future (1970). La adaptación a la enfermedad

Crimes of the future será la segunda película de más de sesenta minutos y en 35 milímetros que ruede David Cronenberg. Su argumento al igual que Stereo, su ópera prima, tiene lugar en el futuro y vuelve a tener a la ciencia, a sus métodos de análisis y observación como eje central de la historia. Un eje central que se verá desbordado por unos elementos de tensión que no será capaz de explicar ni solucionar.

El argumento de Crimes of the future relata más de lo que muestra y mostrará en parte algo diferente a lo que relata: en el futuro mueren millones de mujeres debido al estallido de una extraña enfermedad producida por el uso de productos cosméticos. Curiosamente sólo ataca a mujeres poco después de su pubertad. Esta enfermedad se denominará “enfermedad de Rouge” en honor al dermatólogo Antoine Rouge quien la investigó.

Aunque Rouge desapareció misteriosamente de su clínica La casa de la piel, ésta se mantiene abierta y dirigida en funciones por su leal colaborador Adrian Tripod (Ronald Mlodzik). Tripod parece encontrarse perdido sin la presencia de su mentor Rouge, muerto probablemente a causa de la enfermedad que trataba, la misma que fuerza a la población masculina restante a su adaptación a un mundo carente de lo femenino y de la maternidad.

Tanto es así que Tripod se encuentra en el instituto Neo-venereal disease a un hombre en cuyo cuerpo crecen de manera autónoma nuevos órganos. Una especie de nacimiento auto espontáneo, sustituto del nacimiento tradicional. Mientras la población masculina parece retraerse psíquicamente en si misma, Tripod accede a un programa de terapia en el Oceanic podiatry Group, donde conocerá a Tiomkin, el jefe de un grupo de conspiradores pedófilos que planea embarazar a una pequeña niña, la cual fue prematuramente llevada a la pubertad, para evitar la enfermedad.

La niña es secuestrada, pero nadie quiere acometer el embarazo. Tripod es elegido para esta empresa. Sin embargo, dudará cuando note en la niña la presencia espiritual de su mentor, Rouge.

Al igual que en Stereo, nos encontramos con un argumento que poco tiene que ver con los elementos visuales de la película. No por casualidad una parte de la crítica considera Crimes of the future como una especie de Stereo en versión coloreada. Sin embargo aunque observamos temas comunes a Stereo, Crimes of the future se adentra más incómodamente en aquellos aspectos que la sociedad aparta y mantiene ocultos, como la enfermedad, las secreciones, la pedofilia o el cambio de roles sexuales.

Los elementos visuales se vuelven a componer —como en Stereo— de una arquitectura masiva pero filmada de manera más narrativa. Dicha arquitectura connotará orden, distancia y seguridad y servirá de contrapunto de lo que se desenvolverá dentro de ella:

El Toronto de los años cincuenta poseía una cierta manera de orden sofocante. Fue la era de Eisenhower, la cual enmascaraba algo muy delicioso que resultó ser parcialmente un caos, pero a su vez también energía en estado bruto. Había mucha energía sexual que estaba siendo reprimida entonces en esa sociedad”, comentaría Cronenberg al respecto.

Cronenberg vuelve a rodar como en su anterior trabajo con planos estáticos y movimientos lentos que acentúan la incertidumbre que rodea a la conducta de los personajes, pues, como en Stereo, los personajes parecen desenvolverse en una especie de burbuja o sueño.

En cuanto a la banda sonora, volvemos a encontrarnos como en Stereo con una voz que representa la objetividad y la distancia de la ciencia, sin embargo esta vez se trata de la voz de Tripod, personaje principal al que acompañaremos en toda la película. La aparente objetividad, la jerga pseudocientífica y la distancia con la que Tripod narra la historia contrasta con lo horrible de lo sucedido y con los horribles propósitos que los personajes albergan en su mente. Su voz recuerda de hecho a la tonalidad inmutable y neutral de la computadora asesina HAL en 2001, una odisea el espacio de Stanley Kubrick; así escuchamos en un determinado momento de la película la voz de Tripod:

Es obligatorio incinerar a los que han muerto por la enfermedad Rouge. Aunque durante el periodo de secreción y hemorragia los diferentes fluidos patológicos son relativamente inocuos e incluso sexualmente atrayentes, estos fluidos pronto demuestran una virulencia que puede ser devastadora”.

La enfermedad y la muerte confluyen con el deseo y la excitación sexual, aspectos que Cronenberg desarrollará ampliamente en sus películas posteriores.

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La banda sonora que acompaña a Crimes of the future es de corte experimental. Cronenberg utiliza sonidos y ruidos emitidos por la fauna acuática, pero amplificados de tal manera que producen una especie de efecto sonar en la película, marcando así un carácter de ensoñación y extrañamiento. El propio Cronenberg relataría años después en la serie de entrevistas que concedió a Chris Rodley:

En Crimes of the future usé además de la voz en off, una segunda banda sonora realizada con criaturas del océano profundo, como delfines o camarones. El sonido del agua está mucho más presente. En cierta manera la banda sonora pretendía aportar el sentido de tratarse como en el viaje de Darwin en el Beagle. Pensé en ello como en una especie de ballet subacuático. Quería crear el sentimiento de estar viendo aliens de otro planeta. Hay un elemento de ciencia ficción, pero no tan explícito como el género demandaría”.

Por otra parte, ciertos sonidos que emplea Cronenberg evocan claramente un componente orgánico-siniestro que contribuye a generar ansiedad y malestar, sobretodo en los momentos en que los personajes inicien una serie de rituales que les provoquen excitación sexual. Excitación que sucede de manera inusual al no existir ningún elemento originalmente femenino en ese mundo frío y futurista que se describe. Los personajes buscarán substitutos de las más insospechadas maneras. Así Cronenberg rueda algunas escenas que Buñuel seguro no hubiera menospreciado: personajes teniendo una relación telepático-sexual a través del contacto entre mente y pie. Aquí el fetichismo pasa a ser de una literalidad apabullante.

Cronenberg obtuvo en esta película más ayuda económica que en la anterior debido a la subvención que recibió de la Canadian Film Development Corporation. Una nada menospreciable ayuda de 15.000 dólares de la época, sin embargo esta corporación se sintió muy defraudada al ver la obra tan extraña e incómoda de Cronenberg. El propio realizador llegará a decir años después que Crimes of the future es la primera y última película de corte vanguardista que la Canadian Film Development Corporation subvencionó, pues tal fue el desengaño al ver el resultado de su inversión que no volverían a intentarlo.

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Al igual que en Stereo, Cronenberg le confiará el papel principal a Ronald Mlodzik y también se guardará para sí el papel del director ausente del proyecto: “En Crimes of the Future soy Antoine Rouge, el mentor ausente, quien ha muerto y quien se ha reencarnado en una niña pequeña”, explicaría Cronenberg.

En otro extracto de la voz en off de Tripod le escuchamos decir: “Como había previsto, fui invitado a una reunión de conspiradores. Sus fines, como los de muchos otros, me son completamente oscuros. Igualmente es muy evidente que son pedófilos heterosexuales. Un grupo fuera de la ley que continúa expandiéndose. Ahora somos discípulos de un nuevo maestro. Se llama Tiomkin. Él describe esta esfera estimulante como su acuario y me guía a una inmersión psíquica en cada acuario en el que siento empatía. No puedo negar mi atracción hacia algunas de estas perversas imágenes multidimensionales. Tiomkin sostiene que debe evolucionar una nueva sexualidad por una nueva especie de hombres una bioquímica genética de punta que experimente otra forma de reproducción”.

Se trata de un extracto que resume bien los aspectos más interesantes que aporta la película: la idea de un entorno sintético, artificial y controlado que altera el pensamiento clásico de la evolución y en donde la idea de la supervivencia de los que mejor se adaptan ya no funciona más. Por otra parte, la concepción de una fusión entre lo femenino y lo masculino, pues precisamente porque no existen las mujeres en ese futuro que describe Cronenberg, los hombres supervivientes desarrollan componentes femeninos y otras formas de sexualidad:

En Crimes of the future yo hablaba de un mundo en el cual no existen las mujeres. Los hombres tienen que asimilar que lo femenino se ha ido del planeta”, explicaría después Cronenberg.

En resumidas cuentas, podemos asegurar que con Crimes of the future Cronenberg inaugura la serie de películas sobre el denominado body horror que tanto le caracterizaría años después. Una obra primeriza pero no por ello poco elaborada.

Escribe Laura Bondía

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~ por elmiradornews en 29 enero, 2012.

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