Mirada tridimensional sobre Pina Bausch

Cuando vi la película Pina durante la pasada Berlinale tuve una sensación similar a la vez que vi  Cielo sobre Berlín.  Esta era la primera película que veía de Wenders y coincidió también con mi primera visita a la Filmoteca Valenciana. Fue ese tipo de sacudida emocional la que me llevó a descubrir otro tipo de cine y literatura y a escribir también sobre ello.

Realmente impactada y emocionada por la belleza visual en 3D y por el profundo homenaje de Wenders a la bailarina, coreógrafa y sobre todo amiga Pina Bausch, vista además en un escenario de lujo como el del Berlinale-Palast y aun envuelta en esa especie de ensoñación o reverie, comenzaba sin ningún tipo de pausa o intermedio la rueda de prensa con la presencia de Wenders y las bailarinas Julie Shanahan y Barbara Kaufmahn.

Ese suele ser el modo de presentar las películas enla  Berlinale: sin pausas de ningún tipo, se ve correr literalmente a los periodistas desde el Palacio dela Biennalehasta el hotel donde tienen lugar las ruedas de prensa. Sin tiempo de reflexionar y de dejar pasar otra vez las imágenes por la cabeza. Esta falta de distancia se deja sentir en las ruedas de prensa, fue esa emoción la que me llevó a abrir el turno de preguntas. Así que le pregunté al director en un alemán tembloroso las siguientes preguntas y éste me contestó, pienso, de manera sincera y con cierta emoción contenida:

—“Herr Wenders, usted dejó expresarse a los bailarines en su film y ellos han contado lo significativo que fue para ellos la mirada de Pina Bausch y también su capacidad de ver a través de las personas. ¿Qué significó para usted su mirada, qué aprendió de esta y   por último, si me permite, una última pregunta: ¿qué consiguió ver Pina a través de usted?”.

—Wenders: “La mirada de Pina Bausch es, si se puede decir así, el tema de nuestra película. Esa mirada es la que me golpeó y conmocionó cuando vi por primera vez sus piezas, una mirada hacia las personas increíblemente exacta, hacia sus almas y cómo se expresaban éstas en sus movimientos. Esto lo ha plasmado en sus piezas. En ellas se puede ver cómo era su mirada, una mirada como nunca en mi vida había sentido. Nada se le ocultaba. Pina podía mirar a través de cada persona, pero al mismo tiempo uno no se sentía desnudo, su mirada era una mirada exacta, certera, pero al mismo tiempo llena de amor. Sobre esa mirada hemos querido hacer esta película, también después de que ya no pudiéramos hacer la película con ella”.

Creo que no hay mejor manera de introducir esta película, como tampoco que Wenders pudiera contestar mejor de lo que lo hiciera, pues se notaba que esta respuesta le hace descubrirse de alguna manera, pues su mirada sobre Pina es también una mirada llena de amor.

Wenders en una pausa del rodaje

Pero hablemos de la película:

Comienza con un plano estático del centro de Wuppertal, ciudad cercana al llamado Ruhrgebiet, es decir, una aglomeración tradicionalmente industrial que fue creciendo a lo largo de los años en forma de ciudades y actualmente transformándose en  importantes centros culturales. Un escenario aparentemente atípico para este tipo de exploraciones y movimientos artísticos debido a su aspecto industrial, con colores propios del acero, asfalto y hormigón.

Sin embargo, Wuppertal fue el escenario donde Pina Bausch creó su compañía y desarrolló su proyecto de Tanz-Theater. Una ciudad de gente sencilla y con un alto número de parados, pero con la suficiente sensibilidad para aceptar y dejarse envolver por un proyecto así.  Otras ciudades lo rechazaron con anterioridad, no supieron ver o entender este proyecto. Así que la ciudad Wuppertal es, junto a los bailarines, la otra protagonista de la película.

Presentada pues la primera protagonista del film, Wenders da paso al resto de protagonistas: los bailarines de la compañía Tanz-Theater (expresión creada por la propia Bausch para expresar la transformación de la danza misma en teatro). Estos bailarines se presentan como mejor lo saben hacer, bailando y escenificando fragmentos de una de las primeras piezas más sugerentes de Pina: La consagración de la primavera, ballet con música de Stravinsky.

Aquí los bailarines van desfilando sugiriendo la transición de las diferentes estaciones, pero verlo en 3D es por momentos sobrecogedor, allí donde los bailarines van rozando cámara, parece más bien que se aproximen al espectador, casi saliéndose de la pantalla. Los bailarines van creando el espacio con sus propios cuerpos y expresividad. El espectador siente que se va moviendo junto con la cámara, junto con los bailarines en su deambular rodeando las telas transparentes que dividen el escenario representando el transcurso de las  diferentes estaciones.

Escenarios cotidianos, urbanos, en medio del tráfico del mediodía, a veces hasta inverosímiles, son los que encarnan las diversas piezas que Wenders recoge en su película, una mezcolanza de exteriores, interiores y de lugares que interactúan con los bailarines: escenarios teatrales, parques, escaleras mecánicas, edificios, túneles, el emblemático tren colgante de Wuppertal, piscinas municipales, pabellones industriales o incluso de cristal… En resumen, escenarios que mezclan algo que parece imposible: lo artificial y lo industrial con lo artístico y sensual, una mezcla inaudita.

Después de las primeras piezas interpretadas por los bailarines de manera coral, Wenders irá acercándose a cada uno de ellos a través de su baile y de la narración de sus experiencias con Pina Bausch. Un aspecto que me gusta mucho, pues Wenders se aleja de las típicas imágenes de documental y nos deja conocer a Pina a través de la mirada de sus bailarines y coreógrafos. Tampoco les deja hablar a cámara, sino que van expresándose en su voz en off, como si fuera su propia voz interior la que hablara. Así escuchamos a Ruth Amarante: “Conocer a Pina fue como encontrar por fin un lenguaje antes de saber cómo hablar, ella me dio un camino para poder expresarme, un vocabulario”.

Pina decía a veces unas frases como: tienes que seguir buscando…, pero no decía luego nada más y entonces había que seguir buscando, sin saber muy bien a dónde y sin saber si estabas en la dirección justa”, escuchamos también decir a la bailarina Silvia Farias.

Las piezas que recoge Wenders acercan sensaciones y mundos aparentemente tan diferentes como lo que separa a Stravinsky de Chaplin, a la niñez de la vejez, o incluso al cine del teatro, una ligazón apasionante.

Uno de los fragmentos finales tiene lugar en una especia de bunker o hangar gris. Allí vemos a dos bailarinas, la una con una pala va cubriendo de tierra a la otra, una especie de enterramiento tan literal como simbólico, pero la segunda bailarina se irá  desembarazando, a través de su baile y de la expresividad de su cuerpo, de la tierra que trata de sofocarla. Del baile a la vida.

Pina y yo habíamos soñado con este proyecto desde hace más de veinte años”, comentaba Wenders en una de sus entrevistas, pero siempre lo habían ido dejando de lado por no estar seguros del resultado. La tecnología 3D les ofreció a ambos la posibilidad de crear espacio y de transmitir ese impacto tan físico, tan visual y sensual que Wenders buscaba y del que me atreví a escribirles al principio.

Pina Bausch falleció al comienzo del proyecto y Wenders lo continuó ocupando su ausencia lo mejor que pudo: con la visión y las experiencias de los bailarines y coreógrafos que crecieron y se desarrollaron con ella. Inevitablemente transmitió a su vez la mirada de Pina a través de la suya propia y creo que con ello realizó el mejor homenaje que se le podría haber hecho.

Escribe: Laura Bondía

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~ por elmiradornews en 2 octubre, 2011.

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