Equus de Sidney Lumet. (Artículo en recuerdo y homenaje a Lumet)

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Quizás sea Equus una de las películas más atípicas de Sidney Lumet. Basada en una obra de teatro de Broadway, tan exitosa como controvertida, tiene como protagonistas a actores tan excepcionales como Richard Burton, Colin Blakely y a un jovencísimo Peter Firth, entre otros. Peter Shaffer, el mismo autor de la obra teatral, fue responsable también del guión de la película.

Equus narra la historia de Martin Dysart (Richard Burton), renombrado psiquiatra, que acepta el extraño caso de Alan Strang (Peter Firth), un joven introvertido de 17 años, que decide una noche cegar con una hoz a seis caballos en el establo donde trabajaba los fines de semana.

Poco a poco, Dysart irá accediendo al muchacho, sus pensamientos, sueños y emociones. También irá entendiendo más profundamente aquello que desencadena sus acciones y miedos. El comportamiento de Alang parece producto de una madre extremadamente religiosa y de un padre distanciado. Sin embargo, no son ellos los únicos desencadenantes que llevaron a Alan a establecer una especie de relación mística con los caballos y a autoerigir una suerte de veneración a Equus, una deidad de la naturaleza de apariencia equina. La relación entre psiquiatra-paciente se irá estrechando hasta el punto de que el doctor será consciente que rehabilitar a su paciente significará anular precisamente aquello que más admira de él, su pasión.

Fue un proceso arriesgado el adaptar de una forma realista una obra de teatro que tan apreciada fue, precisamente por su puesta en escena y por su “experiencia de iluminación, sonido, representación y texto” como apuntara Vincent Canby en su crítica en el New York Times de octubre de 1977.

Ahí radicaba una primera dificultad casi insalvable:, transformar una puesta en escena teatral, en la cual radicaba gran parte del encanto y atracción de la obra, en una adaptación cinematográfica más realista y llana, en la cual se habían eliminado precisamente aquellos elementos estéticos-fascinantes del teatro para dar paso a una historia, donde la identificación se hace casi imposible.

Segunda dificultad, la ardua tarea de mostrar en imágenes algo que la representación teatral de los años 70 no acababa de manifestar a pesar de toda su deslumbrante imaginería teatral: la destructiva crítica a una sociedad burguesa bienpensante (inglesa en su origen, pero extrapolada en la película de Lumet), justamente en uno de sus símbolos mas queridos, el caballo y todo lo que rodea a su imagen: las tradicionales cacerías de la nobleza y alta burguesía, las carreras de caballos de Newmarket con todas las conexiones con la realeza que continúan todavía muy vigentes, pero sobre todo, sugerir en imágenes algo tan tabú como la zoofilia.

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Lumet tocó un tema innombrable hasta entonces, escenificándolo de manera más que sugerente, pero sin llegar a lo explícito. Esto no se le perdonaría. De hecho, Equus es una película que lamentablemente permanece relegada a un segundo o tercer plano dentro de la filmografía de Lumet, ni siquiera él mismo la menciona en ninguno de los capítulos de su libro Making Movies.

Curiosamente, la temática de la zoofilia no se encuentra tampoco ni reflejada, ni comentada en las críticas importantes de los años setenta. Una revisión de esta película hace inevitable el tener en cuenta este aspecto. Algunos festivales de cine ya se están interesando también por no silenciar estos temas, prueba de ello fueron los festivales de Sundance y de Cannes del 2007 que seleccionaron el documental Zoo (Robinson Devor, 2007) iniciando una apertura en este sentido. Nos guste o no, la zoofilia y su tratamiento en imágenes es un aspecto que forma parte de nuestra sociedad (solo hay que echar un vistazo a la cantidad de millones de dólares que mueve la industria pornográfica con animales).

Lumet se atrevió a tratar el tema tabú de la zoofilia en su película eliminando buena parte de la veladura artificiosa-artística-teatral de la obra originaria de Broadway y Equus acabó siendo para la crítica de esos años demasiado “realista” e incómoda y lamentablemente fue catalogada por algunos críticos influyentes como una obra menor y un tanto equívoca.

Escribe Laura Bondía  (publicada en la revista de cine encadenados, fotos por cortesia de encadenados)

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~ por elmiradornews en 5 julio, 2011.

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