Entrevista a Luis Tosar

( artículo publicado en encadenados el 13 de marzo)

Luis Tosar es un actor que hace creíble cualquier papel que se le ponga por delante. Su maleabilidad ante la cámara llega a ser casi camaleónica. Además Luis posee una manera de expresarse muy directa y cercana a la persona con quien habla y esto a veces no es tan habitual de encontrar dentro de su profesión. En cualquier caso, fue un verdadero placer el poder entrevistarle durante la última edición de la Berlinale, con motivo de la presentación de la película También la lluvia, de la realizadora Icíar Bollaín.

En este filme, Luis Tosar interpreta a Costa, un productor de cine que se traslada con todo su equipo a Bolivia para realizar una película. Sus intereses se centran en rodarla rápidamente y con los menos costes posibles. Durante el rodaje estalla un conflicto muy grave en la ciudad de Cochabamba, causado por la carestía de agua y por su privatización por parte del gobierno. El rodaje de la película se ve envuelto en este conflicto social. Costa y su equipo se verán obligados a tomar decisiones que no sólo afectarán a la finalización de la película.      

 


 

En También la lluvia tuviste la oportunidad de trabajar con personas que no habían estado nunca delante de una cámara, ¿Cómo fue la experiencia de trabajar con actores no profesionales? ¿Qué ventajas te aportó esto?   

La esencia de un actor, sea profesional o no, desde mi punto de vista, es buscar la verdad y buscar que las cosas que haces sean verosímiles y creíbles. Se trata de buscar la esencia del mensaje, en este caso, de lo que hay en el guión de una película. La ventaja de trabajar con actores no profesionales es que ellos ya están instalados en la verdad, no tienen vicios de actor profesional y no están acostumbrados a jugar con la mentira. Además ellos trabajan, en este caso, con la esencia pura de lo que es una realidad muy cercana a ellos. Con lo cual, para nosotros era una fuente de inspiración continua.

El hecho de tener enfrente a alguien que trabaje desde la realidad mas absoluta es maravilloso para un actor, pues ese recordatorio lo tienes enfrente tuyo, ya que en otras ocasiones te lo tienes que buscar, a veces en tu propia experiencia o en experiencias de amigos o compañeros de rodaje y aquí se trataba de una impregnación total todo el rato.

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El desarrollo de tu personaje a lo largo de la película es muy interesante…

Yo creo que Costa es un cabrón, pero en todo caso no es un hijo de puta. Sí, se porta como un cabrón probablemente durante buena parte de la historia, pues es lo que está acostumbrado a ser, aunque finalmente no es tan hijo de puta como para no darse cuenta de que la realidad se impone, y ésta lo hace de una manera brutal y arrolladora. En ese momento, él decide tomar cartas  en el asunto, porque yo creo que es una cuestión de humanidad.

Costa es un tipo que es descreído y también cínico, pero no está desapegado de lo que le rodea y es lo suficientemente permeable para ver que una situación como ésa se impone a la otra.

Vale que Costa quiera hacer la mejor película del mundo y de la manera más barata posible, por eso se va a Bolivia, pero vale también que cuando ve que la vida de una niña corre peligro, decide que eso es sin duda lo más importante.

Costa adopta esa actitud porque también es el responsable del equipo. Él está acostumbrado a llevar ese peso y yo creo que ni siquiera se le pasa por la cabeza el delegar. Si intenta delegar en algún momento, lo hace por imposición del resto del equipo, porque ellos saben que si prescinden de esa, digamos, cabeza directora o productor, bueno….

Pues esto es lo que ocurre en los rodajes. Siempre que hay algún problema en el rodaje, tiene que haber un productor para solucionarlo. De hecho, nos volvemos un poco imbéciles en los rodajes. Tú en tu vida te gobiernas perfectamente, pero cuando entras en un rodaje te conviertes en un bebé. Es como si no pudieras hacer nada, si no está el productor, cuando yo en mi vida diaria me resuelvo mis problemas. Es una especie de síndrome extraño que ocurre en los rodajes.

También la lluvia es quizá una de las pocas películas en que un productor es el que lleva el papel principal. Además Costa, tu personaje, antepondrá incluso la seguridad de una niña frente a la película, incluso frente a su propia seguridad…

Esto parte del guión porque Paul Laverty es quien lo escribió y supongo que lo escribió sabiendo que él tiene un amigo productor, que también es un gran amigo mío, Juan Gordon. Juan fue una especie de fuente de inspiración. Aunque él ni es tan cínico, ni tan descreído, ni tan cabrón. Incluso él llegó a decir que si se viese en una situación así, ni de coña salvaría a la niña.

Yo estoy convencido de que no, de que eso jamás lo haría. Además, Juan es padre de dos hijas maravillosas y estoy convencido de que si se viese en una situación así, sin ninguna duda tomaría la opción que toma Costa.

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¿Fue difícil trabajar en una producción tan grande y con miles de extras?

Yo creo que al final todas las películas son iguales y uno se plantea, quizá, esa pregunta antes de empezar, y piensa que va a ser más difícil o más complicado trabajar con tanta gente alrededor. Yo creo que hay algo en el cine, en su forma de trabajar, que finalmente te conecta. Es decir, da igual que haya mil personas alrededor, que una sola.

Evidentemente es más fácil a nivel de equipo concentrarse con menos gente. Siempre hay mucha mas dispersión, cuando hay muchos campos que tocar, pero el cine es un cúmulo de distracciones, ya sea en una película pequeña o grande.

¿Un cúmulo de distracciones?

Sí, en el cine todo te distrae: desde un señor que esta colocando un foco, hasta otro que está cambiando la película de la cámara, o quizás esté haciendo mediciones con un foco y se acerca con una cinta y te la coloca delante. Es decir, tu aprendes a concéntrate en medio de todo eso.

Es como una especie de guerra, en la que está todo lleno de enemigos para ti, entonces ya da igual que aumente el número de enemigos, pues los guantes los tienes muy pegados a la gente del equipo, y uno aprende a trabajar en esas condiciones.

Sin embargo, en teatro no ocurre esto. El teatro es el paraíso del actor. Allí está todo pensado para que el actor esté lo mas cómodo posible y trabaje de la manera más profunda posible.

En cine todo está pensado para que el actor esté lo más incómodo posible. Al menos, si tienes la complicidad del director, y si es un director que te ayude, como es el caso de Icíar Bollaín, que es una de las pocas directoras o directores que hay en España que se preocupen por el mundo del actor, por la interpretación y por la dirección de actores, digamos que parte de ese trabajo entre la espesura ya está hecho, pues ya hay alguien que te ayude.

Llegados a ese punto, que la producción sea más grande o más pequeña, da exactamente igual. Incluso hay ocasiones en las que te ayuda, pues es más fácil autosugestionarse viendo a cien personas corriendo por la calle, que si te lo tienes que imaginar.

Sí, en las producciones más grandes hay ruido y muchas distracciones, pero al mismo tiempo es una inspiración. No es lo mismo mirar al vacío absoluto e imaginarte lo que está ocurriendo, haciendo una película como Alien por ejemplo, en la que Sigourney Weaver interpreta esas escenas con una cosa que no existe. Me parece muy loable ese trabajo.

En ese sentido es mucho más fácil irte a Cochabamba con cientos de personas recreando la guerra del agua, pues lo están haciendo para ti y es maravilloso ese estímulo.

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También sería un gran estímulo el poder trabajar con gente diferente y   con lenguas diferentes…

Sí, con respecto a lo del lenguaje hay una cosa graciosa: Juan Carlos Aduviri, que interpreta a Daniel, tiene que hablar en quechua y él es, en realidad, aimara. Él tuvo que aprender para la película.

De hecho, Juan Carlos estaba muy preocupado por esto, pues era su primera película como actor. En realidad, él es realizador y trabaja también en una escuela de cine pequeñita en El Alto. Juan había hecho cortometrajes y demás, pero era la primera vez que se ponía delante de un papel de esta envergadura. Además, con el añadido de que tenía que ser quechua.

También la lluvia tuvo mucho éxito de público en la Berlinale. Tanto fue  así, que buena parte de los espectadores se quedaron a las puertas del cine y sin poder entrar, pues el aforo de la sala se llenó del todo.

Laura Bondía

Fotos: por cortesia de encadenados

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~ por elmiradornews en 19 marzo, 2011.

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